
«No es fácil en general para los farmacéuticos, en quienes pienso en este momento y a quienes quisiera dedicar un pensamiento. A ellos acuden tantas personas, sobre todo ancianos, que a menudo, en el ritmo frenético de hoy, necesitan no sólo un medicamento, sino también atención, una sonrisa, un oído, una palabra de consuelo. No olviden esto: el apostolado del oído. Escuchar, escuchar… parece aburrido, algunas veces, pero para la persona que habla es una caricia de Dios a través de vosotros. Y los farmacéuticos son esa mano cercana y tendida, que no sólo reparte medicamentos, sino que transmite valor y cercanía. Gracias a ustedes y a todos los farmacéuticos por ello. La vuestra no es una profesión, es una misión»
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